Este es el relato de un día cualquiera de mi amiga, que trabaja de marketing manager.

Me pareció súper interesante tal y cómo ella me lo explicaba, así que le pedí que me dejara publicarlo.

¡Espero que os guste!.

 

6.45h. El despertador suena como cada mañana. Y como cada mañana, se me pegan las sábanas unos minutos hasta que mi pareja me besa y me desea un feliz martes.

7.00h. Con la energía del descanso y la tranquilidad de haber repasado la agenda el día de antes (bloqueando un 20% de la jornada para imprevistos varios) desayuno un café corto, medio aguacate y un par de tostadas. Sí, lo sé, todo muy “healthy”.

7.20h. Chequeo Twitter, LinkedIn e Instagram. También los titulares del periódico de cabecera vía App. Lo más interesante lo envío rápidamente a Feedly, para leerlo con calma. El resto, compartir vía…

7.40h. Entro en el baño. Aseo y cuidados matutinos, todo un ritual. Me visto, cuidando los detalles y también la agenda. ¿Alguna reunión con proveedores o clientes? ¿Con dirección?

8.00h.  Perfume, móvil, llaves, recojo la bolsa del tupper y…. salgo cargada. Me miro en el espejo del ascensor y cada día me pregunto si en otra vida fui sherpa (no tan sólo por el porteo sino también por el espíritu pionero…) ¿Quién sabe?

8.15h. Llego a la oficina. Conecto el ordenador. Abro Todoist. Reviso mis notas en los post-its pegados en el borde la pantalla. Abro el correo electrónico. El día no presenta novedad alguna a excepción de una convocatoria de reunión de último minuto. Descuelgo el teléfono, llamo al convocante en cuestión y pregunto: ¿De qué trata? ¿Puedes pasarme el orden del día? ¿Está relacionada directamente con el Departamento de Marketing?… Estaba dispuesta a derrumbar la convocatoria y el “vamos a estar un buen rato”. Finalmente, he conseguido asistir tan sólo 35 minutos.

9.20h. Allí está nuestra amiga. La cultura organizativa. Que como dice Peter Drucker se come cada día para desayunar a la estrategia. No falta ni un solo día a la cita. Interrupciones, imprevistos, decenas de correos dónde estoy en copia no sé por qué, temas encallados por varias jerarquías…

A la convocatoria no falta nadie: Dirección general que con su mirada cuestiona la estrategia trianual presentada, el plan anual y las acciones a desarrollar. Que como siempre, se asocia a un presupuesto “desorbitado” que siempre tienes que “batallar” en las trincheras, también con compras…y una vez aprobado con unos meses de retraso…continuamente surge la duda: ¿De verdad la consultoría en SEO es tan cara? ¿Me estás diciendo que el coste del SEM asciende a X €? ¿No hay manera de disminuir el coste de adquisición de cliente?

El equipo de ventas que de camino a una reunión interna piensa en el último folleto y te pide “hacer algo parecido”.

El técnico que tiene que “echarme una mano” con la estrategia de contenidos y con su mirada avala lo bien que me comunico, pero discute lo poco que domino la disciplina técnica en cuestión; el Director de Recursos Humanos que quiere mejorar el clima laboral y ha pensado en mí porque siempre tengo buenas ideas… O el ejecutivo trajeado con colores oscuros que no puede sino sentir envidia de mi libertad íntima, expresada mediante las zapatillas de deporte y la camiseta que llevo hoy bajo el blazer blanco.

10.30h. Tengo todavía la sonrisa puesta, pero no, no salto. No sé qué tiene el marketing que te aporta un áurea de creatividad que los demás perciben como que todo que sea crear algo nuevo pasa inexorablemente por ti. Me gusta. Me encanta la idea.

11.00h. Como el universo del marketing no se detiene por mucho que surjan contratiempos, me enfrento a la realidad: la métrica. Todo se reduce a los datos que abalan si funciona o no el plan de marketing pensado a finales del año pasado, los recursos invertidos y mi gestión al frente. ¿Se cumplen los objetivos mensuales? ¿El Departamento de Marketing ha sido capaz de generar los suficientes leads para captar nuevos clientes? ¿Cuántos se convierten en clientes? ¿La apuesta por los canales y acciones está bien dimensionada? ¿Da los resultados esperados? ¿La segmentación de los clientes actuales es la adecuada? ¿Nos permite conocer sus necesidades? ¿Y las tendencias del mercado? ¿Nos ha permitido generar oportunidades de venta en aquellos clientes con potencial de crecimiento? ¿Qué segmentos están saturados? ¿Por qué?

12.00h. Invoco a los dioses para que, por favor, el año próximo pueda automatizar el reporte y monitorización de datos. Excel, corto y pego, fórmulas y más fórmulas. Lo mismo cada primera semana de mes. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Pienso en plataformas como Marketo e imagino como con 3 clicks y 2 importaciones en 35 minutos estaría todo actualizado… Eso sí es digitalización, y no tener presencia en con 2 perfiles corporativos en las redes sociales…

13.00h. A partir de los datos y las respuestas preguntas anteriores, preparo el powerpoint de resultados. Lo presentaré pasado mañana en la reunión mensual. Plantearé qué acciones desarrolladas están generando más ROI, cuáles deben ajustarse y aquellas que deben reformularse para generar más oportunidades de negocio.

13.50h. 10 minutos para buscar una imagen y una frase motivadora. Que inspire y cierre mi presentación.

14.00h. La hora de la comida. Como sano. Comentamos la actualidad, hoy toca la nueva convocatoria de elecciones…. No me doy cuenta y mientras caliento en el microondas una taza de agua, me evado y pienso en cómo de clarificadores y elocuentes son los datos bien analizados, cuando responden a las preguntas clave.  Qué está funcionando y qué no. ¿Dónde continuar apostando y dónde no? Tan simple y tan poderoso.

15.00h. Un té verde y acudo a otra reunión. Esta vez de innovación de producto. Marketing es siempre la voz divergente. La disruptiva, la atrevida Los ingenieros y técnicos siempre procesan lógicamente y equilibran el juego. Convergencia. Pienso en grande y en voz alta, sin límites, productos estrella y acciones de marketing que los acompañen y nos pueden brindar la oportunidad de acceder a nuevas fuentes de ingresos y mercados.

18.30h. Mi jornada toca a su fin… aunque me queda el reto más divertido. Responder los correos de la tarde. Planificar las tareas y preparar las reuniones de mañana. Tachar de la lista todo lo finalizado hoy. Me doy cuenta que mañana toca fidelización y experiencia de cliente. También propuesta de campañas, promociones, precios y discurso comercial para remontar las ventas del producto “z” que no acaba de despegar…  Y repasar las conclusiones para la reunión de pasado mañana, que intuyo que será “densa”.

19.00h.  A estas horas poco tengo que ver con los gurús de la transformación digital que leo antes de acostarme.

19.15h. Pádel con amigos, ducha y ahora sí. Sí salto. Varios puntos bien trabajados. Como la jornada de hoy. Cada día puede hacerse mejor. Desde luego. Pero no permitas que nadie te robe el esfuerzo ni lo conseguido.

 

Ser Marketing Manager día tras día es un ejercicio extraordinario. ¿Te sientes identificado?  

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