La innovación más efectiva es aquella que entiende muy bien cuáles son y cuáles van a ser las necesidades y demandas de nuestros clientes actuales, y de aquellos clientes y mercados potenciales. Marketing e innovación persiguen el mismo objetivo: darle al cliente lo que necesita, incluso cuando éste ni tan sólo lo sabe.

La innovación, a grandes rasgos, puede responder a dos grandes demandas:

  • Tech Push: poner en el mercado productos o servicios que no ha demandado nadie, como el Ipod
  • Market Pull: evolucionar ideas existentes, como la televisión en color.

Por ello, hoy por es más importante que nunca saber EMPATIZAR con nuestros interlocutores: clientes y potenciales clientes. Ser capaces de desgranar en detalle qué buscan en realidad, entender qué les satisface y qué valoran en un mercado supra servido y supra ofertado para poder así, captar la atención e interés, y diferenciarnos.

 

El centro de gravedad ya no es nuestro producto o servicio: ahora lo es el cliente.

 

Tradicionalmente, las mejoras e innovaciones impulsadas por las organizaciones han perseguido mejorar y evolucionar productos y servicios. En muchas ocasiones, esto ha provocado que la inversión en i+d, y en consecuencia el impacto esperado en los resultados, esté muy por debajo de las previsiones iniciales.

Design Thinking permite resolver problemas complejos y detectar necesidades Click Para Twittear

El pensamiento de diseño o Design Thinking es una metodología que permite resolver problemas complejos y detectar necesidades de mercado, aportando enfoques diferentes y testeando el producto, marca o servicio antes de comercializarlo o de ponerlo en práctica. Permite conocer de primera mano las necesidades y deseos de nuestros clientes, implicando de forma integral y transversal a todos los departamentos de la organización en la innovación.

La rápida aplicación de esta metodología en las empresas, sea cual sea su tamaño, persigue adaptar ágil y efectivamente el negocio o la estrategia de la empresa a las necesidades de sus usuarios o clientes. En este sentido: los procesos, la estrategia corporativa, la innovación y el desarrollo de productos o servicios se basa en enfrentar los problemas de gestión y de desarrollo de negocio desde el mismo enfoque en el que un diseñador enfrenta y resuelve problemas de diseño: poniendo al usuario en el centro.

 

Design thinking y estrategia empresarial.

 

La metodología cuenta con un amplio bagaje en EEUU (el concepto fue acuñado a mediados de la década pasada por David Kelley, Ingeniero, profesor de la Universidad de Stanford, y democratizado por Tim Brown, profesor de la escuela de Ingeniería de Standford y creador de la reconocida consultora en innovación Ideo.com), aun así ha sido recientemente cuando ha ganado adeptos y peso en las escuelas de negocios más relevantes.

Tim Brown, CEO de IDEO, define el Design Thinking como: “Es una disciplina que usa la sensibilidad y métodos de los diseñadores para hacer coincidir las necesidades de las personas con lo que es tecnológicamente factible y con lo que una estrategia viable de negocios puede convertir en valor para el cliente, así como en una gran oportunidad para el mercado”.

Un negocio tiene dos — y solo dos — funciones básicas: marketing e innovación. Marketing e innovación producen resultados; todo lo demás son costes. Peter Drucker (1954)

 

Las fases del proceso de Design Thinking.

 

La metodología del Design Thinking ha trascendido el ámbito del diseño industrial y/o de productos. Hoy por hoy, muchas empresas utilizan este nuevo enfoque para desarrollar productos y servicios.

    1. Inspiración: en primer lugar, debemos empatizar con el contexto y las necesidades reales de nuestros usuarios o clientes. Ya sean actuales o potenciales. Saber qué pasa. Entender al 100% qué les ocurre y por qué, no tan sólo a través de datos y estudios de mercado, debemos observar con detalle sus interacciones con el entorno. Si cabe desde un punto de vista etnográfico. Empatizar.
    2. Ideación: en esta segunda fase hay que aplicar el pensamiento divergente, es decir debemos de ser lo máximo de disruptivos. Sin complejos, ni límites, generando el máximo de ideas -aunque puedan parecer alocadas o quiméricas. Para ello, en las sesiones se trabaja con técnicas de creatividad disruptivas, en entornos creativos y con equipos multidisciplinares que permiten recabar visiones poliédricas. El resultado de la sesión permitirá formular nuevos conceptos que den respuesta a los problemas definidos anteriormente.
    3. Implementación: Materializar los conceptos a productos a servicios. Llega el momento de que todos nos ensuciemos las manos. Juguemos con materiales como la plastilina, cuerdas, post-its, rotuladores de colores, cables, goma eva, … Es el momento de prototipar el producto y servicio, para poderlo trasladar a nuestros usuarios o clientes. Que lo prueben y que lo critiquen. Que aporten y den su feedback. El objetivo de esta fase es repetir el diseño de las soluciones y mejorar el producto final.

 

Sabías que Doug Dietz – Diseñador Principal de General Electric Healthcare- en una de las visitas que realizaba a un centro sanitario con el objetivo de diseñar el mejor equipo para realizar una resonancia magnética, y mantener una reunión con técnicos de equipo, se percató que en la sala de espera contigua había una niña muy asustada por la prueba que le iban a realizar. Investigó y descubrió que un 80% de los niños debían de ser sedados para ingresar en el escáner y garantizar que la prueba se realizaba con éxito.

Doug OBSERVÓ, EMPATIZÓ, DEFINIÓ, IDEÓ, PROTOTIPÓ Y TESTEÓ un cambio en el servicio. Puso al usuario, paciente infantil en este caso en el centro. Fue entonces cuando creó una aventura, llena de color (decorando el equipo y la sala con ilustraciones de un barco pirata, mar y vegetación), diversión y fantasía en la que los niños debían permanecer quietos dentro de un barco pirata mientras el técnico – disfrazado de pirata-, operaba con el equipo mientras jugaban. Resultado: se sedaban sólo a un 10% de los pacientes infantiles.

 

Design Thinking también para Pymes.

 

Con los recursos escasos que tienen las pymes ¿Cómo lideraran productos innovadores? ¿Cómo evolucionarán productos o servicios existentes? ¿Cómo optimizaran procesos internos operativos para ganar en experiencia de cliente?

Las organizaciones, ya sean grandes corporaciones o pymes, deben tener claro cuál es su estrategia para competir: nicho, diferenciación o costes (aunque cada vez más los límites entre éstas se difuminan) y diseñar un plan a medio y largo plazo.  Esta herramienta de innovación permite desarrollar productos o servicios, mejorar procesos o definir modelos de negocio.

Una de las citas más célebres de Albert Einstein destaca: “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”.

¿Te animas a hacerlo distinto?

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